Por Leonardo Sánchez
Todavía no concluyen los procesos electorales de los diferentes niveles de los comicios “celebrados” en domingo 15 de este lluvioso mayo que vive la “crónica de una victoria anunciada”.
Las razones, para no haber concluido el proceso electoral son diversas y del mismo origen; primero, por haber sido saboteado desde adentro por no estar listo el conteo electrónico, impuesto por la fuerza de cara del presidente del organismo organizador del desorden; segundo, por distorsionar el conteo manual, que ha sido desacreditado desde el inicio, por las mismas autoridades.
El conteo manual, ha sido la base del escrutinio lectoral desde siempre, aun con sus debilidades y, para reemplazarlo por una tecnología informática, ésta debió ser introducida, probada y aceptada por todos los actores, al menos, dos años antes.
Y tiempo hubo, pero faltó la voluntad.
El sistema de conteo electrónico, nunca fue probado satisfactoriamente; fue impuesto a pesar de conocer su falta de fiabilidad y, después, alterado el proceso con el desorden organizado de la instalación, y ausencia de esos equipos en muchos de los centros de votación.
Añádase a lo anterior, la “renuncia” de miles de personas mal entrenadas, mal llamadas “técnicos”, que nunca fueron formalmente contratados, por falta de organización, o con el fin deliberado de producir la situación presente.
Agréguese a esto, además, la introducción de boletas pre marcadas, firmadas y selladas, favoreciendo, principalmente al nivel A.
¿Por qué se produce esto?
El afán de un grupo político de ganar a cualquier costo y, de cualquier manera, ha hecho que el conteo manual haya sido imposibilitado de diversas maneras, incluyendo el incendio de urnas y centros de acopio de urnas y boletas electorales.
Se obstaculiza el conteo manual, para que no se evidencien las alteraciones en las actas emitidas por los escáneres, programados para crear una tendencia inicial a favor de los candidatos del PLD, desde antes de que concluyeran los escrutinios de los votos.
A escasos minutos del cierre de las votaciones.
También, para que no hubiera un mecanismo de contraste que evidenciara los malos resultados de los aparatos, donde permitieron su funcionamiento por haber energía, por haber sido instalados, y por disponer de técnicos.
Para no tener que explicar por qué en muchos lugares aparecen más votos que votantes inscritos, que se evidencian en los propios boletines de la JCE, provenientes de los informes de los contadores electrónicos.
Sabiendo que el resultado legal, era el que dieran los conteos manuales.
Y la obstinación de los perdedores de siempre, en reclamar ganancia de causa, cuando no han sido capaces de alcanzar ni el 5 % de los sufragios por no poder articular una oposición frente a la compra de conciencias y los chantajes con las dádivas clientelistas de la ayuda social del estado.
Esa es una dicotomía insana y perversa que aflora en todos los procesos electorales y que amenaza con crear disturbios permanentes, a lo que temen el gobierno y los empresarios. Pero, como ni los tres mosqueteros fueron tres ni los que echaron a Pedro en el pozo fueron tampoco tres, la dicotomía en la discusión post electoral tampoco es de dos.
Así, surgen los beneméritos empresarios felicitando al gobierno y pidiendo a la población, que se siente robada, que se quede robada, guarde silencio, baje la cabeza y vaya a trabajar por los salarios de miseria a los que están sometidos.
Y también, los venerables curas, vienen a llamar a la calma para que los perdedores aprendan a perder y los ganadores se ufanen de su “victoria”.
Esto, no hay quien lo entienda. Todos parecen ponerse de acuerdo para que un fraude sea proclamado victorioso y sin consecuencias por los actos ilícitos cometidos para “ganar”.
Porque, si bien es cierto que los mini partidos hacen más ruido del que se necesita para hacer valer su discurso, los del gran partido del presupuesto nacional, hacen ostentación de todo tipo de trampas y de todo el poder que les da el control estado, que atropellan procesos y personas, sin ninguna consecuencia.
El resultado, no puede ser más frustrante para las personas que, aunque tienen sus preferencias electorales, y como no se benefician del reparto, sienten que son burladas las instituciones, y que además son manipuladas para favorecer a los ganadores de siempre.
Y que, además, los minúsculos participantes, que no fueron capaces de articular opciones con posibilidades de atraer votantes, luego del resultado previsto, porque lo era, ahora buscan consensuar los reclamos en una unidad de propósitos que no fueron capaces de conseguir antes.
Cuando contaba.
La derrota, ahora los une, como antes los egos los separaron, y lo dejaron establecido con mucha claridad, al lanzar sus propuestas que no pueden ser diferenciadas en el contenido, aunque en el discurso puedan lucir diferentes.
Porque los problemas del país y su sociedad son los mismos.
Pero, donde la dicotomía a cuatro bandas se hace inconcebible, es cuando, también, quieren callar al grupo que, de inicio, las tendencias colocan en segundo lugar.
Se alinean a las conveniencias de negocios en aras de que se mantenga la “paz pública”.
Esa paz pública que los trastornadores no han sido capaces de respetar, como no respetaron las reglas del juego, realizando las maniobras más burdas para cambiar la voluntad de los votantes que están hastiados de violencia, corrupción e impunidad.
Porque, dentro de todo, el árbitro no era imparcial, e impuso un conteo selectivo, mientras retrasaba los conteos manuales donde no funcionaron los aparatos amañados.
Y los aparatos no funcionaron, coinsidencialmente donde necesitaban del desorden: Las provincias de mayor población votante, donde tenían dudas en que los resultados les favorecieran.
Y por más intentos y llamados a la normalidad, de asumir las rutinas; las irregularidades deliberadas, cometidas exprofeso, con el fin de que sigan “ganando” los ganadores obligados de siempre, no se pueden esconder porque la gente no es ni pendeja ni ciega.
Quieren que todo el país, cante su “Rapsodia en Morado”.
Porque ahora, todos, Gobierno, Empresarios y Curas, quieren un borrón y cuenta nueva que deje de lado todas las violaciones a la ley electoral, y que los perdedores, y el pueblo sin intereses, también se callen y acepten el robo de la verdadera democracia ejercida cívicamente por los votantes.
¿Es eso moralmente correcto?
Tampoco lo es políticamente, pero se quiere imponer por los intereses mutuos de una dicotomía a cuatro voces.












