Por Elexido Paula

El país ha estado en los últimos seis meses en el ojo del huracán en el ámbito internacional como nacional por el mega escándalo de corrupción de Odebrecht.

Es el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la justicia brasileña, quienes bajo sendos procesos de intensa investigación dan a conocer al mundo, que entre once países de América Latina y uno de África, estarían involucrados en mayúsculos actos de corrupción por concepto de sobornos, sobrevaluaciones, financiamientos de campaña y por contratos multimillonarios con la multinacional compañía constructora Odebrecht.

Esta no tuvo más que autoincriminarse forzosamente, confesando ante los órganos judiciales de Estados Unidos y Brasil que pagó sobornos a funcionarios de nuestro país por un valor de 92 millones de dólares, convirtiéndose así en el tercer país que recibió la mayor cantidad de coimas.

Para colmo, el país fue escogido por Odebrecht con el consentimiento del gobierno encabezado por Danilo Medina, como centro de acopio del entramado mafioso internacional, para desde aquí distribuir los miles de millones de dólares que tendrían como destino los demás países contratantes de grandes obras con dicha compañía; Esta entendió que República Dominicana le ofrecía el mejor ambiente y garantía de impunidad y venalidad para montar su jugoso negocio aquí en el país, y con la gran ventaja de que en el Palacio Nacional tenían al asesor de campaña de los dos periodos del presidente Medina, Joao Santana y su esposa Mónica Moura, quienes eran lobistas de principalía de Marcelo Odebrecht y su consorcio internacional.

Se tiene consignado que, en los últimos gobiernos, encabezados por Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina, se firmaron unos 17 contratos con Odebrecht, pero el más costoso y controversial de todos ha sido el de la Termoeléctrica Punta Catalina.

El vendaval y el terremoto de corruptela no se detiene en esas 17 obras, sino que en el ínterin y en los entremés de la funesta y trágica película o novela de misterio endemoniada, se sucedieron otros escándalos que estremecieron el país en su momento, como los casos: los Tucanos, el CEA, OISOE, Los Tres Brazos, Hospital Darío Conteras, Etc. y que en ninguno de ellos ha habido régimen de consecuencias para los funcionarios envueltos en esos nefastos actos de corrupción.

El presidente de la República decidió poner como pararrayos al Procurador General de la República, Jean Alain Rodríguez, para supuestamente encausar a posibles inculpados o encartados, pero decide hacer una selección de funcionarios provenientes de la oposición y desafectos de su propio partido y también decide liberar de toda investigación y sometimiento a la justicia a los funcionarios y legisladores de su entorno gubernamental y de su proyecto político; no obstante, en su periodo es que se han pagado más sobornos y sobrevaluación de obras y donde se construye la obra buque insignia de su gobierno, Punta Catalina, que se ha convertido en el cuerpo del delito del monumental escándalo vinculado a Odebrecht.

De manera asombrosa y espectacular, como hacía mucho tiempo no se producía, emerge un contundente y masivo movimiento social, encarnado por jóvenes mayoritariamente de clase media, y con ellos, todo un pueblo tirado a las calles semanas tras semanas, lo que se ha denominado Marcha Verde. Este plural, diverso y heterogéneo movimiento ha tomado como bandera el “No a La Impunidad y La Corrupción”. Sin dudas que su fuerza de penetración y participación y sus justísimas demandas han acorralado, impactado, atrincherado y desconcertado al presidente Medina y su gobierno.

El informe que rindió la comisión creada por el presidente Danilo Medina sobre Punta Catalina, lo que ha hecho es un flaco servicio a la Nación al comunicar que en esa megaobra ni hubo fraude ni sobrevaluación y que el precio está en un 6% por debajo del rango, justificando y aprobando que se halla licitado con una sola empresa y despachándose con propuestas de modificación a la ley 340-06 de Compras y Contrataciones Públicas para que esta permita declarar desierta una licitación cuando quede un solo oferente. Cuánta ridiculez, mezquindad y complicidad de estos flamantes miembros de dicha comisión, conscientes una parte de ellos que son juez y parte y porque son parte interesada.

Si nos detuviésemos a analizar todos estos escándalos de corrupción desde el punto de vista Jurídico-Legal, ético y moral, notamos que hay violaciones flagrantes a la Constitución y leyes como: de Presupuesto, Función Pública, Contraloría, Cámara de Cuentas, Compras y Contrataciones Públicas, Declaración Jurada de Bienes, Lavado de Activos, Libre Acceso a la Información Pública y ley de Crédito Público. También percibimos claramente una mutilación a valores y principios éticos y morales de nuestra sociedad.

Lo que llama poderosamente la atención es el inocultable, tenebroso y misterioso silencio que guarda el señor presidente en medio de todo este entramado mafioso, que en definitiva lo ha convertido en un show mediático, un circo y un montaje vulgar y afrentoso.

Su silencio señor presidente Danilo Medina huele a manipulación política. Con esta actitud usted esquiva, desvía y rehúye su gran responsabilidad y compromiso ante el país de enfrentar con coraje, valentía y determinación a sus funcionarios corruptos y someterlos de manera seria y sin chicanas jurídicas ni políticas a la acción de la justicia y sin privilegio alguno, para si se demuestra que son culpables de esos hechos de corrupción purguen con el castigo que manda la ley.

Su silencio es un pretexto para dejar hacer, dejar pasar; no es más que buscar contener la ira e indignación nacional manifiesta de manera palmaria en el movimiento Marcha Verde.

Su silencio ante un país enfadado, molesto, enojado, cansado y hastiado de actos de corrupción de sus más allegados funcionarios es una traición y un perjurio al solemne juramento hecho por usted señor presidente de que cumpliría y haría cumplir la constitución y las leyes y que sometería a la justicia a todo el que cometa actos de corrupción hasta por el simple rumor público.

Quiero despedirme conectando y uniendo a mi análisis estas frases que he seleccionado de algunos prominentes pensadores de su época acerca del silencio:

“El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo” (François de La Rochefoucauld).
“Permanecer en silencio es como un cáncer que crece lentamente en el alma y un rasgo de un verdadero cobarde” (Shannon L. Alder).

“A veces callar es mentir. Podrás ganar porque tienes suficiente razón bruta. Pero no vas a convencer. Para convencer necesitas persuadir. Y para persuadir necesitas lo que le falta al silencio: razón y derecho” (Miguel de Unamuno).

Señor presidente Danilo Medina, no se quiera colocar, pretextando silencio, por encima del bien y el mal.