Ing.-Leo-SanchezA propósito del reconocimiento al merengue como patrimonio inmaterial de la humanidad y de que estamos jugando a la pelótica con esa música de fondo, ripiando el perico hasta dejarlo desplumado.

Como la música es la perfecta combinación de los sonidos y los silencios, la sociedad dominicana se encuentra a sí misma, atrapada en la dicotomía de las sonoras y estridentes bocinas que defienden lo indefendible de la corrupción, y los silencios cómplices y ominosos de los que saben lo que saben, pero prefieren callar, aunque lo saben todo.

¡La verdad es que el pueblo dominicano es un pueblo absolutamente musical!

¡Y pelotero!

Por un lado, suenan las bocinas pagadas para eso precisamente, hacer un ruido abundante; sonidosuficiente para cubrir todos los desmanes del gobierno -el actual y el pasado- y del partido que ha parido los deleznables gobiernos que siguen sumiendo al pueblo dominicano en el oscurantismo y la ignominia del endeudamiento interno y externo, en medio de una vorágine de clientelismo corrupto y corruptor de todo lo corrompible.

“Suenan las campanas”, abocinadas para ocultar la corrupción y justificar el endeudamiento,justificado para cubrir los déficits de las victorias electorales en base al uso incontenido de recursos públicos y la explotación de la miseria con la compra de los votos inconscientes.

Mientras los responsables políticos y económicos del grave curso de colisión con la ruina que lleva país, miran hacia otro lado al tiempo que extienden la mano.

¡Repican alborozadas para justificar las fortunas inexplicables!

Mientras doblan a muerto para ocultar la sobrevaloración de obras y los sobornos entre licitadores y licitantes, graciosamente favorecidos en procesos de licitación amañados a pota.

Mientras se guarda sonoro silencio en total afinación con el alborozado tañido de las campanas bocineras, y los fiscales que no encentran evidencias.

Se calla para tratar de hurtar a la vista y el conocimiento de los ciudadanos, todas las maniobras enfermizas que seejecutan para amasar las fortunas que por su inocultable existencia se denuncian a sí mismas.

¡Y no pasa nada!

Unos miserables buscavidas que ahora están “podridos en cuartos”.

Y son tan tiernos, que creen que los demás son tan imbéciles que, cuando no pueden “esquivar el lanzamiento”, y se ven obligados a dar la careta, salen bateando elevados al cuadro interior pretendiendo que han conectado un “jonrón” y ¡anotan en carrera!

Porquelos dominicanos son músicos y peloteros, tocando en el play y jugando en las graderías.

Y el árbitro central lo acepta todo con su silencio, como pelotero de la misma alineación del maestro que dirige la orquesta de la corrupción, porque muchas veces un presidente no sabe si es presidente titiritero o títere del anillo que maneja los hilos del poder y los negocios.

Por eso, no han tenido una repercusión adecuada las demandas de investigación a las actuaciones de la compañía extranjera Odebrecht, descubierta en su país como sobre valuadora de obras para sobornar funcionarios estatales que la han favorecido con la asignación previa de esas obras.

Pareciendo que, esa empresa ha sido corrupta en todos los países del mundo donde ha trabajado, menos aquí en la República Dominicana.

¿Son tan dichosos los dominicanos? Que aparecen sus nombres en las investigaciones brasileñas, y aquí no pasa nada.

Y, por tanto, parece que no hay necesidad de que esa empresa sea investigada aquí, ¿por temor al olor que viene de Dinamarca?

¡Porque aquí nada huele mal!

Ni siquiera el nauseabundo y fétido efluvio que emana desde la OISOE en las mismas puertas del palacio de gobierno.

Y como “en jonrón no se pisa base”, más si el “ampaya ta’ entretenío” con las animadoras de “curvas con dedos separados” y vestuario tan corto como la respiración con “loj sojo brotao”, no hay manera que el PGR termine de reunir evidencias y tome alguna acción no evasiva.

En medio de su algarabía pelotera, las bocinas procuran ocultar los recurrentes escándalos de corrupción que brotan como manantiales oscuros de materia purulenta que los enriquece hasta el hartazgo.

Se le amontonan los expedientes de Tucanos y Odebrecht, y nada.

Donde quiera salta un maco, brincando porque vendieron el vertedero de Duquesa y parece que nadie lo ha vendido, pero hay un comprador desafiante que tampoco sabe explicar de dónde ha salido su título de propiedad, mientras el congreso investiga lo que conoce de antemano.

Inexplicable.

Y más inexplicable todavía, la venta amañada de los terrenos de Los Tres Brazos a un Turpén, súcubo del honorable canciller que siempre aparece en ese tipo de negocios.

Como enla pelota bizarra que estamos jugando aquí.

El corredor de primera, que ha llegado por una base por bolas, aparece en la tercera robándose dos bases, pero el árbitro no lo quiere ver, anotando en carrera de la misma manera, por más que le vocean ¡falta! -fault-

Y esa anotación irregular sube al marcador aumentando la ventaja de su equipo que, de esa manera, viene consistentemente ganando este partido y el campeonato.

¡Procuran ocultar lo evidente! Porque hasta un ciego ve lo inocultable de las riquezas que crecen como la verdolaga crece en los montes después que llueve.

Para que nadie sepa cómo están “ganando”, mientras la sociedad está perdiendo por blanqueada y score de ponches.

Y se desgañitan las graderías, en ese fútil empeño, gastando ingentes cantidades de dinero que es propiedad del mismo pueblo destinatario de la propaganda que busca confundirlo y engañarlo para que siga perdiendo callado y bailando la música del maestro del engaño musical.

El sonido es tan alto, como tan bajo resulta el silencio de los cómplices pagados.

Y, la sociedad parece pasmada ante tales despliegues de virtuosidad de ejecución musical, mientras el maestro, como el ampaya del partido donde se roban las bases impunemente, mantiene la varita en alto, y mirando por encima de los cristales de los gruesos espejuelos de búho, sonríe complacido mientras le guiña un ojo a los músicos y a los dichosos corredores.

Y sigue babeando, mientras vuelve a mirar a las animadoras, pensando en conseguirse una segunda base.

Y, ¡Música maestro!