“La crucifixión era la ejecución más cruel y afrentosa de la antigüedad…”

SANTO DOMINGO. Reflexión íntegra del obispo de Baní, Victor Emilio Masalles Pere, sobre el Viernes Santo.

LA CRUZ: NUEVA CÁTEDRA DEL MAESTRO

REFLEXIÓN VIERNES SANTO 2017

S.E.R. Víctor Emilio Masalles Pere. Obispo de Baní

Podemos decir que toda la vida de Jesús de Nazaret se dirige a este momento: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,28). Y éste es el fatídico día en que es clavado en la Cruz, nuevo árbol donde empieza la Vida.

Jesús cuelga de esa cruz, que es instrumento infame y deshonroso, pero que ahora se va a convertir en la escalera de gloria para toda la humanidad. El espectáculo alrededor es desolador, todos se burlan y lo insultan, en lugar de admirarse por el amor divino que desde ahí se destila.

Nuestro Señor le pidió al Padre que lo librara de este cáliz, de este momento, pero él mismo se somete a la voluntad de su Padre y “por sus padecimientos aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Heb 5,8-9). La Cruz es ahora la nueva Cátedra desde donde el discípulo va a ser instruido en el amor; donde podrá aprender de la santidad del Maestro. Y si no llega a tomar su propia cruz, no podrá jamás ser llamado discípulo suyo. Este momento es vital tanto para él como para mí.

La crucifixión era la ejecución más cruel y afrentosa de la antigüedad, de modo que un ciudadano romano no podía morir crucificado. Para el judío era una maldición (Dt 21,22; Gal 3,13), pero para el discípulo de Cristo es su gloria y el motivo central de su predicación (1Cor 1,23). Pablo se gloría de predicar a Cristo crucificado, pues él marca desde ahí a la Gloria.

La unión del cristiano con su Señor debe pasar también por el capítulo de la Cruz, pues sin ella la Redención es tan sólo una quimera. Desde la Cruz el cristiano puede encontrarle el sentido a todos los sinsabores, las injusticias, las humillaciones y los sufrimientos. Jesús se hizo cercano a nuestras tribulaciones cuando asume la condición de carne humana crucificada como la nuestra.

Nunca la humanidad conoció un día tan oscuro en su historia, pero ningún día nos podía mostrar el más resplandeciente, que es la Pascua. Jesús, que es la Vida, ha muerto para darnos a nosotros la vida. No está muerto, duerme, porque su Padre no le permitirá conocer la corrupción del cuarto día. Esa muerte tiene la firma del poder de Dios, y tiene la garantía de la victoria sobre la muerte.

Pidamos por los que no tienen fe, para que puedan encontrar en el camino de la luz y de la fe la felicidad que Cristo nos ofrece, comprada con su sangre y su muerte. El es el Sumo Sacerdote que se ha ofrecido como oblación agradable al Padre, y su muerte se convierte en el más fuerte grito que a Dios se le ha dado para que tenga misericordia de una humanidad descarriada. Jesús el Buen Pastor, se ha hecho Cordero sin mancha para darnos la vida e invitarnos al banquete que no tiene fin.

Acompañemos a la Virgen, mujer valerosa, hija de Sión, que se atrevió a acompañar a su Hijo a la muerte, a costa de experimentar la espada que atravesaría su costado, pero con la que honró a Dios entregando a quién años atrás había colocado amorosamente en su vientre virginal.

Ante la pregunta de: “Cómo debemos amar a nuestros hermanos”, la respuesta nos la da claramente Juan en su Primera Carta, donde dice: “Si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros” (1Jn 4,11). La nueva cátedra para amar es el amor incondicional, gratuito y generoso del amor de Cristo, que nos invita a dar gratuitamente de lo que gratuitamente de Él hemos recibido.

@VictorMasalles

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