McLaren-Honda ya me deprime

A menudo me cuesta estar al día de lo que ocurre en el mundo. Desde los desvaríos del presidente de la nación más poderosa del mundo hasta la corrupción política de nuestro país, pasando por la violencia machista, la pornografía infantil, los desastre naturales… Tantas malas noticias que me tientan a cerrar la pantalla del ordenador o apagar la televisión, en ocasiones pienso que es más saludable vivir en una feliz ignorancia. Por desgracia, me empieza a ocurrir algo semejante con el desastre que se ha enquistado en el proyecto de McLaren y Honda en la Fórmula 1. Nada invita al optimismo, no hay razones para la esperanza, tampoco signos de recuperación. Ahora que se acerca el GP de China volvemos a leer a los responsables de semejante despropósito y la depresión resulta inevitable. Boullier, el jefe de la escudería británica, asegura que demasiada suerte tuvieron en Australia y que será difícil que vuelva a repetirse una situación tan propicia, es obvio que el exigente circuito de Shanghai sacará aún más a la luz las carencias de su monoplaza.

Mientras, Hasegawa, quien debe responder por los motores, viene a decir que han metido la pata hasta el fondo con su propuesta para este 2017 (como si la anterior hubiera sido mejor) y que no sabe si serán capaces de resolverlo antes de verse obligados a intentar tener un nuevo propulsor, con todo lo que ello implicaría. Sólo Alonso, con más moral que el Alcoyano, sueña con una «carrera libre de problemas», lo que no deja de ser un escenario desolador para un piloto de su capacidad. En definitiva, que con semejante panorama tampoco me extraña que cada día sean más los seguidores que se desenganchen de este deporte a la espera de tiempos mejores. Y que nadie me hable de buenos o malos aficionados, este asunto va de otras cosas: decepción, desilusión, frustración, desencanto, impotencia…

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