El apresador

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RESUMEN
Por Ingeniero Leonardo Sánchez
En semanas consecutivas, en Hondo Valle de Elías Piña, y la Sabaneta de San Juan, el Presidente de la República, durante dos de sus visitas sorpresa avisadas, ha expresado ante dos grupos de campesinos que, a aquellos que corten árboles en los bosques y montañas, él los va a trancar.
No se estaba dirigiendo a los empresarios evasores de impuestos ni a sus compañeros de partido que tienen largos años depredando el presupuesto nacional.
Tampoco se estaba dirigiendo a los que tienen aserraderos depredando la Cordillera Central.
Y mucho menos se dirigía a los dominicanos y haitianos que vienen depredando de manera consistente y reiterada la Sierra de Bahoruco y la Sierra de Neyba, y los valles intramontanos, para hacer el carbón que se necesita vehementemente en Haití.
No se da por enterado de esas actividades.
Aprovechaba el escenario campesino, montado para seguir reiterando sus promesas de candidato.
Y, a la vez que hacia emanar el perfume promisorio, soltaba el veneno amenazante de una prisión que se han ganado y se siguen ganando otros personajes, entre funcionarios y empresarios depredadores de recursos naturales.
Porque, ahora, el presidente quiere hacer valer su promesa de preservar el agua del país, comenzando por evitar la depredación de los bosques de las montañas donde se produce y acumula el agua de lluvia.
Pero, según su visión particular y tubular de la situación, solo los campesinos que residen en las zonas montañosas deben ser responsables de la conservación de esos bosques.
Y va, personalmente, y los amenaza.
No ido a amenazar a los empresarios que diariamente extraen materiales de los ríos.
Tampoco ha ido a amenazar a los militares y civiles que hacen carbón en varias zonas del sur profundo en las estribaciones de la Sierra de Neyba, y tampoco a los empresarios que sacan camiones cargados de pinos desde las montañas de la Cordillera Central.
Mucho menos ha ido a amenazar con apresar a los militares y empresarios que talan y cavan pozos tubulares en el valle de Constanza, cortando las escorrentías de la zona orográfica y contaminado esos acuíferos con los químicos que usan en sus actividades agrícolas.
Esos parecen ser invisibles y, más invisibles, los resultados nocivos de sus actividades económicas rentistas, mientras va a acosar a los campesinos que usan sus predios para sobrevivir.
Igual son invisibles los medios de transporte del carbón de la cuenca del Lago Enriquillo que día tras día se dirigen hacia Haití, cruzando la frontera por las mismas aduanas y la mayoría en botes a través del Lago Sumatre.
De alguna forma extraña, también son invisibles las actividades de los empresarios exportadores de carbón que administran “fincas forestales” en la zona de Juancho y Oviedo, en la Región Enriquillo, sin haber sembrado jamás un árbol allí.
Están erradicando especies endémicas como el Candelón, Sangre de Toro, Guayacán y otras especias de lento crecimiento, y se alude a “cientos de familias que se ganan el pan” con esa actividad y que, además, se hace bajo la supervisión del departamento medioambiental.
Todos cuentan con “permisos de explotación forestal”, igual que los granceros tienen los permisos para la “canalización de los ríos” y los dueños de aserraderos los permisos para “la explotación forestal” de los pinares “enfermos”.
Puros eufemismos para justificar la depredación de esos recursos naturales no renovables o de muy lenta recuperación en beneficio de partidarios y/o asociados.
Todos los eufemismos posibles e ingenuamente creíbles, son utilizados por los funcionarios públicos que, en colusión abierta con empresarios madereros para propiciar la depredación de viejos bosques que han tomado decenas de años para crecer.
Pero esos no son amenazados con ser trancados.
Y, el apresador, con todos los medios de espionaje de que dispone, no percibe los grandes negocios que están amenazando el agua que, ahora, ha dicho que va a defender.
Existen innumerables reportes en los medios de comunicación sobre el saqueo de los bosques, pero ni los funcionarios del ramo y su ejecutivo nacional, se dan por aludidos de los alarmantes informes de exportaciones millonarias de carbón dominicano proveniente de esa explotación.
Esquivan, como siempre hacen, enfrentar los intereses de empresarios bien identificados, para dedicarse a hacer demagogia profiriendo amenazas vacías frente a unos campesinos impresionables que pretenden amedrentar.
Y con esas amenazas, demostrar que está en proceso de cumplir sus promesas sobre cuidado del agua, en lugar de construir represas para acumularla y realmente apresar a los verdaderos depredadores de bosques no renovables.
Aquellos que están desapareciendo bosques completos de especies endémicas que tardan años en crecer en una zona de escasas lluvias y sin irrigación artificial con la justificación de explotación de fincas forestales que no han sembrado.
Pero, el presidente dominicano, prefiere amenazar a los pobres campesinos que acuden a su llamado buscando financiamientos para sus pequeños proyectos.
Y los sorprende, no con la visita anunciada y organizada, pero si con las amenazas de prisión sorpresa.




