Año nuevo y cambio es el análisis de hoy del editorial del periódico La Información

¡El año 2020, pues, será de cambio!  

El Año Nuevo del 2020 traerá para el país un cambio al menos en el orden político. En el 2019 se interrumpió la tradición de la reelección, fortaleciéndose la fórmula sucesoral del poder de un período y una posible reelección y nunca más, tal como lo fija la Constitución.

Ese solo hecho contrario al patrón reeleccionista de por sí es un cambio, que pudo ser posible por la división que se produjera en el partido de gobierno, el PLD, con la salida del expresidente Fernández, quien formó tienda aparte con la formación de La Fuerza del Pueblo.

Pero la ruptura del PLD significa también el quiebre de la hegemonía y monopolio ejercidos por la nueva clase gobernante y dominante que formara el PLD durante unos 20 años, fraccionándose dicha clase en dos facciones que no pudieron articularse en su rol de clase dominante, cayendo víctima de la dialéctica de la historia que explica el quehacer político como una permanente lucha de clases sociales.

Esa quiebra de la clase gobernante y de su expresión partidaria, ha creado un cambio del panorama político, el cual en vez de un sistema de un partido hegemónico, con vocación de único, y de una clase gobernante con vocación de ser dominante y permanente, tenemos un panorama conformado por un sistema tripartito, integrado por tres principales fuerzas político- electorales: el PLD, La Fuerza del Pueblo y el PRM, las cuales a su vez integran coaliciones con los demás partidos minoritarios.

De esa manera para las elecciones del 2020 se postularán como aspirantes a la presidencia de la República, a Leonel Fernández por La Fuerza del Pueblo; Luis Abinader por el PRM; y Gonzalo Castillo, del PLD, piloteado por el presidente Medina. Con cualquiera de esas tres fuerzas las perspectivas son de cambio, al menos de gobernantes, aunque las estrategias neoliberal y de la democracia clientelar sigan rigiendo el comportamiento de la clase política nacional. Se daría aquella máxima de “cambiar para seguir igual”.

La opción oficialista es la más clara en el sentido de “cambiar para seguir igual”, mientras que las otras dos podrían seguir la máxima vulgar de “quítate tú para ponerme yo”, creando una mayor incertidumbre y una mayor amenaza al valor central que orienta a buena parte de los electores, especialmente de clase media y empresarial, tal como lo es el valor de la estabilidad, estabilidad de los poderes fácticos y sobre todo la estabilidad cambiaria, a la que le teme esa clase media “acomodada”.

En ese orden la opción electoral de Gonzalo Castillo y Danilo, llevan ventaja porque está clara la agenda política oficialista y su compromiso con el “crecimiento con estabilidad” y también con los pobres productores y micro empresarios. Esta opción se potencializaría si se “amarra” a los EE.UU, la Iglesia y el alto empresariado.

La opción de Fernández se enmarca en su gestión pasada más apegada a los designios neoliberales más conservadores y de derecha, mientras que la opción del cambio de Abinader aunque cuenta con la mayor simpatía, tiene la desventaja de que al no esclarecer su propuesta de gestión, deja pendiente de solución la inseguridad que genera la expectativa del cambio con  inestabilidad.

¡El año 2020, pues, será de cambio!