Dominicanos ausentes llegan al país cargados de emociones y alegría

Las historias son de dominicanos que tenían meses sin pisar su tierra natal, pero también de criollos que se marcharon hace 10 años

Las lágrimas de alegría de los dominicanos son imposibles de disimular al llegar al país. Decenas de personas arribaron este sábado por el Aeropuerto Internacional de las Américas (AILA) a pasar la Navidad y fin de año junto a sus familiares.

Las historias son de dominicanos que tenían meses sin pisar su tierra natal, pero también de criollos que se marcharon hace 10 años, dejando atrás sus seres queridos y que hoy pueden reunirse con ellos a pasar las festividades.

Tal es el caso de Ana Rocío Lantigua, quien tenía diez años que no venía al país a compartir con su familia. Contó que el proceso de la pandemia del coronavirus hizo aún más larga la espera de abrazar y tener el calor de su gente.

“Imagínate, es una emoción grande, es algo inmensamente grande para mí. Tengo diez años sin ver a mi madre, tuve que mandar a darle una pastillita para cuando nos encontremos no me le dé un infarto”, expresó entre risas mientras abrazaba a su hermana, quien también se mostraba emocionada.

Ana Rocío se marchó del país el 6 de junio de 2012, hace exactamente diez años, seis meses y cuatro días. Narró que no fue fácil abandonar su familia y las costumbres de República Dominicana, pero en especial lo que más le dolió fue el tener que dejar de ver a su madre.

Partió del país con visa de turista y se quedó en Estados Unidos tras observar mejores oportunidades de empleo allí. Luego, se casó con una persona la cual nunca sometió los papeles para estar legal.

Manifestó que hace poco se casó una vez más con el que ahora considera su luz en medio de la tormenta que vivió durante muchos años.

Mientras que para Rosina Soto es importante estar en el país, al expresar que nunca olvida sus raíces y que para ella es más que una dicha estar aquí.

«Sentir el caliente de los dominicanos para nosotros es sumamente importante , no olvidamos nuestras raíces nunca jamás»Rosina Soto

Las pantallas que mostraban la llegada de los vuelos de diferentes destinos mantenían concentrada toda la atención de familiares y amigos que acudieron a recibir a sus parientes este sábado.

Los ramos de flores, letreros con nombres y la bandera de República Dominicana eran protagonistas en la zona de espera del aeropuerto de Las Américas.

Para algunos criollos el llegar a su país es motivo de festividad y buenos encuentros, sin embargo, para la señora Flor Encarnación, es de melancolía debido a que perdió su hijo hace dos años y venir al país le recuerda a él.

Encarnación expresó que para ella jamás será igual venir a la nación, llegar a su casa y no ver la sonrisa de su hijo, el cual siempre la esperaba con los brazos abiertos.

“Llegar a mi país me da alegría, por un lado, pero igual es dolor muy fuerte no poder ver la sonrisa de mi hijo al llegar. Era mi único hijo y murió en un accidente en Baní”, dijo con sus ojos aguados mientras lo recordaba.Expandir imagen

El ambiente que se vive en el Aeropuerto Internacional de Las Américas es de mucho movimiento, debido a que para estas fechas se esperan decenas de dominicanos y turistas que deciden pasar el mes de diciembre en el país.

Además, los empleados que prestan servicio de taxi tienen un aumento de clientes durante estas fechas festivas.

El señor Rolando Bueno, quien es taxista en el aeropuerto, dijo que la cantidad de clientes ha sido mayor durante estos días, por lo que espera aumente aún más próximo al día de Navidad.

Con un brillo especial en los ojos, el cual iluminaba todo su rostro, la señora Virgilia Peña contó a Diario Libre que tenía tres años que no venía al país por la pandemia. Entre llantos abrazó a su hermana y sobrino, quienes la recibieron con un buen apretón.

Pero la dama Yocasta no se queda atrás, al hacer sentir toda su vibra positiva y la emoción de llegar a República Dominicana.

“Este es el único país que te pone a vibrar, este es bajo a gusto”, dijo emocionada.

La bebida nunca falta

Algo que no faltaba en los equipajes de los dominicanos: el alcohol. El señor Marcelo Puello expresó que “dominicano que se respete tiene que traer romo al país”, por eso traía con él varios litros de botella de whisky para compartirlas junto a sus familiares.

Similar opinión tiene Alexis Caraballo, quien llegó con sus dos maletas, pero su funda adicional de whisky para compartir con sus amistades los 15 días que durará en el país.

“Mi hija esto yo me lo gozó como si fuera mi último día. Estos 15 días que voy a durar aquí le vamos a dar al codo de a duro”, expresó Caraballo.