Seis buenas prácticas que dejo a su consideración para que la gestión escolar pueda mejorar el aprendizaje de  sus estudiantes.

Por Luz María Fernández Gil.

Mi  experiencia  de más de 24 años como docente tanto a nivel primario, secundario y universitario, y haber trabajado en diferentes instituciones educativas cada una con características diferentes e, incluso, ¡calendarios escolares diferentes! Y ver diversas formas de actuación de líderes y empleados en el ámbito escolar me he hecho estas cuestionantes  ¿Qué hacen estas instituciones para fortalecer el aprendizaje con los recursos que tienen? ¿Qué buenas prácticas he aprendido en mi experiencia que puedo compartir con quienes tengan la oportunidad de leer esta mi humilde opinión y que entiendo podrían  servir de motivación  para mejorar  la gestión y práctica educativa?  He identificado seis que a continuación detallo.

1) El hecho de establecer metas claras para autoridades y cuerpo docente, permitiendo tener una visión amplia de los aprendizajes que se pretenden lograr en los estudiantes; es decir, definición de objetivos en el logro de aprendizaje y las diferentes acciones que se tomarán respecto a cómo alcanzarlas.

2) Debemos entender el entorno donde se desenvuelve la comunidad educativa es pertinente para analizar las estrategias a implementarse para lograr aprendizajes de calidad. Esto involucra  conocer las características de las comunidades, sus interacciones sociales y sus costumbres de forma que se puedan encaminar de la mejor manera los recursos para el aprendizaje.

3) Promover la autoevaluación  institucional de forma que exista un control y administración de los limitados recursos en función de las metas previstas en los aprendizajes. Por ejemplo, la designación del material didáctico y recursos tecnológicos del que se pueda disponer debe estar orientada en aquellas áreas que permitan potenciar al máximo los aprendizajes.

4) Adaptarse al cambio.  Toda institución debe lidiar con situaciones de cambio, ya sea de manera imprevista o de forma planificada, sin embargo,  estos retos no pueden afectar las metas de aprendizaje a largo plazo de los estudiantes.

5) Promover alianzas estratégicas sustentadas en la experiencia de la institución sobre el conocimiento del entorno y la formulación de las metas que desea alcanzar. Una alianza estratégica en ciertos contextos podría ser por ejemplo el establecer un diálogo con empresas cercanas a las instituciones educativas para que jóvenes estudiantes realicen prácticas laborales, o que nos lleven temas de capacitación para el recurso humano de la entidad educativa, entre otros.

6) Sentido de comunidad que permita ser más eficiente en la asignación y distribución de recursos, así como en la rendición de cuentas transparente en función de las metas institucionales y los logros de aprendizaje. Un claro ejemplo de este sentido de comunidad es exponer a familias y organizaciones comunitarias los logros alcanzados por los estudiantes y recursos destinados a la mejora de los centros educativos, estos lo podemos hacer a través de las rendiciones de cuenta a la comunidad educativa.

Estos consejos  pueden ser clave, desde mi experiencia, como maestra, directora de departamentos y de instituciones educativas, para desarrollar dinámicas de gestión mucho más acertadas y orientadas a la calidad de los aprendizajes. Es importante que las  instituciones se organicen de manera independiente y orientando  la gestión en torno a sus necesidades básicas, consiguiendo integrar estos elementos y aprovecharlos para obtener resultados en los aprendizajes de sus estudiantes.

Sistematizar estas prácticas puede contribuir a la integración de acciones concretas en la política educativa. Además, estas reflexiones promueven un diálogo más cercano con otros sistemas para así compartir experiencias exitosas en otros contextos, de manera conjunta, promover la excelencia en las instituciones educativas para las cuales trabajamos.