En la madrugada de hoy fuimos despertado con la infausta noticia de la muerte del periodista mocano Isidro Silva Cabreja, un verdadero símbolo de la honestidad y la integridad personal.
Conozco a Isidro desde nuestra temprana juventud, cuando desarrollamos la labor cultural y social desde el club La Voz de la Cultura, y luego mantuvimos por diez años el periódico El Mensaje, el programa radial La Voz de la Cultura en el Aire y el Informativo dominicano, cuyos presentadores de noticias eran Fernando Moronta, Guarocuya Cabral, Marcelino Cuevas y el ingeniero Aridio Badia.
Eran tiempos difíciles, y había que tener sangre espartana y corazón templado para no caer en la trampa de la medianía.
Isidro estudió periodismo en la UASD, y su espíritu sufrió una fuerte baja, a raíz del vulgar asesinato de su hermano, el siempre recordado y admirado Amelio Silva, principal cuadro de la Línea Roja del 14 de Junio.
Doña Aurora, que era su madre, le sembró como principio nunca doblarse ni arredrarse ante nada, y sobre todo, morir con los principios y mantener en alto la dignidad.
Y eso era Isidro, murió pobre, pero respetado por todos.
Hoy que se apaga su paso por esta vida terrenal, quiero reivindicar su legado, expresar mi profundo sentimiento de pesar y transmitir a la juventud el valor de una vida con sentido, de valores y respeto a los símbolos de la ética y la integridad personal. Ojalá que una parte de la prensa de hoy se vea en este espejo, para que sintamos que la vida humana sólo es útil, cuando se entrega a los demás sin esperar recompensa.
Isidro fue un roble, que como el robledal y el guayacán, no se quiebra con la muerte, porque su polvo es un abono que se multiplica con el tiempo. Dios proteja su alma, y lo conduzca al espacio infinito de los justos.











