La post mentira

“Algunos dicen que la verdad ha muerto, pero quizás sólo se ha escondido y no es posible verla. Pensábamos que el relativismo acabaría con la verdad, porque afirmaba que no hay una sola verdad sino muchas y que todo depende del enfoque. Pero el mayor atentado contra la verdad, el que la ha casi exterminado, ha sido la «post-verdad», que significa algo así como el «dominio de la mentira».

Si la post verdad, es el rechazo de los hechos para centrarse en el debate propiamente dicho apelando a las emociones, aparentando la verdad para importantizar el discurso sobre la realidad de los hechos factuales, para hacerla más importante que la verdad misma, entonces, “Se resume como la idea en «el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad».

Así, la post mentira, sería centrarse en aparentes verdades importantizando el discurso sobre la realidad los hechos mentirosos para hacerla más importante que la misma mentira; el típico allante, y los que la practican, terminan siendo solo unos allantosos.

Porque para ellos, lo importante es el discurso y no la verdad o la mentira de los hechos, imponiendo la palabrería emotiva sobre la realidad. El show sobre el contenido factual que obligaría a tomar posición frente a los hechos. Y a eso, el allantoso le huye, escudándose en la bulla y el humo del espectáculo.

Es el ruido de la propaganda discusiva, donde lo importante no es la verdad o la mentira, sino el discurso que no cese, que se mantenga vigente en los medios y en la vida de los receptores, nublando el pensamiento y la razón, para quedarse pensando en lo bonito que es el discurso del allantoso y sus imitadores, olvidando la verdad detrás de los hechos distorsionados.

Es un ejercicio hueco, totalmente vacío de contenido que solo da exposición a los emisores haciéndolos más importantes que cualquier situación, verdadera o falsa, porque “Nunca es triste la verdad// lo que no tiene es remedio”.

Ambas realidades falaces, han venido siendo la base de los nuevos liderazgos emergentes en la política, donde su propaganda está siendo importantizada sobre la realidad de las necesidades sociales y, escuchar su propia voz parece más importante que los hechos a resolver, donde reside la verdad sin emocionalismos.

Por eso se siguen repitiendo las mentiras con la esperanza de que se lleguen a parecerse a la verdad, para continuar el ciclo indefinidamente y mantener la vigencia del “líder” de opinión que conceptualiza la mentira, mientras intenta vestirla de verdad, su verdad que no es más que una solemne mentira.

A esa factualidad inducida, se le agrega la manipulación mediática para definir cuáles temas se debaten y ocupan el espacio discursivo, llegando a sustituir las verdades incómodas y urticantes con mentiras potables bien adornadas que compren la atención en los espacios mediáticos de participación sensacionalista.

Ese es “el trabajo” de los mega interactivos que impulsan los temas deseados por los posts emisores protegidos por ese escudo pseudo real, inducido por los intereses políticos o económicos que los financian. No atienden a que el discurso tenga contenido verdadero o falso, porque lo importante es sonar y llenar espacios para las mediciones de ratings.

Así, cualquier mentira es tratada de vestir de realidad y cualquier verdad emotiva es tratada de vestir de falsedad y, detrás de ese ejercicio temático corre un rio de dinero que ha construido fortunas de pseudo comunicadores y “hacedores de opinión” que han venido ordeñando la cornucopia oficial, que ha venido siendo “la teta que más leche” ha venido dando.

Por eso la verdad “verdadera” es arrastrada por el lodo o ignorada por más voces que traten de elevarse sobre la vocinglería.

Por eso la mentira es elevada hacia la luz y colocada en los escaparates luminosos para ser consumida en lugar de la verdad.

Esa ha sido la base de las tesis comunicacionales que enarbolan la post verdad, para terminar en post mentiras.