¿Choferes públicos o empleados sin beneficios de los sindicatos?

Mucho se dice del transporte público en el país, de los choferes de carros y guaguas, cuya especialidad, a decir de una gran cantidad de ciudadanos, es hacer tapones y provocar el caos en las calles y avenidas del país, sin que aparentemente haya quien les ponga un alto.

Aunque su conducta en las calles y avenidas es responsable de la mayoría de las cosas que se dicen de ellos y la fama que se les atribuye, la verdad es que estos son sólo peones de grupos organizados en federaciones y asociaciones, y cuyos máximos dirigentes en realidad son quienes imponen las reglas. Algunos de esos trabajadores del volante dicen sentirse “exprimidos”, pero no tienen dónde quejarse.

Lo peor, según cuentan los propios choferes (quienes prefirieren no identificarse por temor a represalia), es que tienen que pagar una alta suma de dinero, “para poder trabajar tranquilos y protegidos por ellos”, pero no reciben ningún beneficio a cambio de ese dinero que pagan a los sindicatos.

Para poder dedicarse el servicio del concho en el Gran Santo Domingo, los choferes deben comprar una ruta que se las vende el sindicato, único con derecho de operarlas, o a algún miembro que la tenga para alquilarla. Además, tienen que pagar al control cada vez que trabajan una cantidad de dinero que varía dependiendo el dinamismo de ruta.

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