Cuando la tan mencionada “comunidad internacional” se ha mantenido realizando una inusual y desproporcionada presión sobre los extrañamente débiles gobiernos dominicanos para que acepten la masiva entrada de ilegales haitianos, muchos de los países integrantes de las potencias decisorias en el entorno de la tal “comunidad internacional”, están comenzando a sentir el pesado fardo de las secuelas que produce una inmigración desproporcionada hacia sus territorios
Ahora, Europa Unida ha sentido,y siente, los efectos de una triste y obligada inmigración desde varios puntos calientes de África y el medio Oriente.
Ha sufrido también del terrorismo yijadista, y su violencia sangrienta, que acompaña a las corrientes migratorias que se vierten en sus países.
Primero fue la “primavera árabe” que estalló en El Magreb, irradiando miles de inmigrantes hacia las costas italianas, principalmente hacia la isla de Lampedusa.
Miles perecieron en el mar Mediterráneo.
Los crecientes conflictos subsaharianos del Sahel, han producido otra corriente migratoria que explota en Marruecos, y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla rodeadas de múltiples vallas alambradas que buscan detener a los inmigrantes.
Luego, el conflicto de las grandes potencias en Siria, su guerra civil y contra el Estado Islámico, han desatado una avalancha de refugiados hacia Europa; porque Al Asad no ha estado solo en el conflicto, y tampoco los rebeldes sirios.
Y, ese conflicto multipolar, empuja a los sirios hacia sus vecinos en busca de refugio.
Ya no se iban a quedar en Turquía, Líbano o en Jordania ni tenían espacio en Irak, también desgarrado por un conflicto similar.
Arabia Saudita, ha mantenido un flujo controlado hacia sus fronteras como entiende que debe hacer según sus leyes.
Los campos de refugiados en esos lugares, ya no daban abasto y comenzaron a mirar hacia el mar y hacia fronteras terrestres más lejanas.
Comenzaron a seguir las vías de trenes y las carreteras hacia el oeste cruzando el vasto territorio de Turquía para alcanzar los países de Europa Oriental.
Desde el conflicto sirio, salen hacia Chipre, Creta y Grecia, muchos directamente, la mayoría vía las costas turcas y libanesas, cientos de embarcaciones de variados tamaños, incluyendo balsas inflables con familias enteras, otras veces disgregadas por la guerra, buscando las salvadoras costas europeas.
Unos y otros, se comportan como inmigrantes a la vista de las sociedades que se ven obligadas a recibirlos por la fuerza de su drama humano, pero sobre todo por la imposición de su presencia.
Pero existe una diferencia entre las corrientes migratorias; porque unos son migrantes económicos, y los otros, víctimas de regímenes violentos que los convierten en refugiados.
Esos son en su mayoría los inmigrantes de los países centroafricanos y del cuerno africano, donde han sido sometidos a la violencia económica de gobernantes corruptos que han hundido a sus sociedades en profunda pobreza.
Otros, huyen de conflictos bélicos directamente.
Y son refugiados.
Por eso en Turquía,Líbano,Jordania y el noreste de África existen miles de campos de refugiados, desde donde se desprenden los flujos migratorios organizados por los piratas tratantes de personas que hacen el gran negocio con su vida y con su muerte, cuando desaparece el cuerpo del delito.
Hemos escuchado por años de Somalia, Etiopía, Sudan, país que ha sido dividido por los intereses que han creado los conflictos, y desde donde las poblaciones han tenido que emigrar en masa.
El occidente de Sudan, país ya dividido en sí mismo en norte y sur, ha dado paso a otra razón política, Darfur, también dividida, hasta el momento también en norte, sur y oeste, según las etnias que son aglutinadas por intereses mercenarios.
Darfur, es una palabra que se escribe con sangre y con hambre en la porción oeste del Sudan del Norte.
Y, todo ese torbellino migratorio apunta hacia Europa.
América es otra historia; donde no existen los conflictos calientes mencionados.
En América, la migración es poco política y más económica, principalmente hacia los Estados Unidos de Norteamerica que ofrece el mismo atractivo que Europa para aquellos que han perdido la esperanza en sus propios países.
El crecimiento económico, cierta seguridad y el acceso a economías más retributivas, socialmente más justas, crean el espejismo de bienestar que inmigrantes y refugiados buscan obtener.
El sueño americano.
Y, esa precisamente es la ilusión que se ha creado para atraer a los inmigrantes ilegales haitianos hacia el crecimiento económico mediático de la República Dominicana.
El sueño dominicano.
Se lo predican y se lo radian, profusamente con la complicidad de los foros económicos y de la ACNUR.
Gobernantes dominicanos han creído en ese espejismo, haciendo naufragar a la sociedad del país en esa utopía inducida y tolerada por conveniente a los intereses de siempre que no quieren a los haitianos en sus fronteras.
Varias potencias económicas han contribuido a ello, al no desmentir la falacia de ese crecimiento para poder influir en los depauperados haitianos que vienen buscando grandes oportunidades en nuestro país.
Y, esas grandes oportunidades, son los trabajos de construcción, agricultura, turismo, y demás, que han sido arrebatados a los dominicanos, dejándoles, en cambio, el oscuro negocio de las drogas con todas sus ramificaciones y que cascadea ese mortal negocio.
No es que los dominicanos no quieran trabajar construcción, agricultura, turismo, o demás, es que los han incentivado a dejarlos para dedicarse a la otra actividad, a vivir de las remesas de la propia migración con goteo que les han otorgado y a subsistir del clientelismo dirigido por la corrupción estatal.
Los dominicanos, hasta han perdido los espacios del chiripeo y la mendicidad, también ocupados por los advenedizos.
Así, las potencias, han encontrado en el territorio de la República Dominicana una válvula de alivio a la presión que representa un estado en disolución constante y creciente de una sociedad a poca distancia de sus fronteras, como es el caso de EE. UU. Y Canadá.
Y, los intereses mercenarios que han dividido países, creando fronteras donde nunca las hubo, ahora buscan eliminar la frontera que nació con dos países americanos que surgieron de la cobardía de un rey español, y las apetencias napoleónicas, inglesas y holandesas, que lanzaron hordas de piratas, filibusteros y bucaneros hacia las posesiones españolas en pos de los recursos de las colonias.
También, de las irreconciliables diferencias de los pueblos que terminaron formando las dos repúblicas de la isla.
Y ahora, los viejos intereses comerciales que dividieron La Española, redivivos, buscan también un espacio de comercio entre indigentes isleños.
Porque ahora, su leit motiv no es “divide y vencerás”, vendiendo lo que sea a quien sea, ahora es “reunifica y tendrás un mercado mayor a veinte millones de consumidores”, aunque sean indigentes con salarios de miseria comprando productos y servicios de cualquier calidad.
Para eso aquí, la migración indiscriminada e ilegal es buena.
Pero Europa, que se unificaba en su Espacio Schengen, ahora se divide y comienza a erigir muros y barreras a la inmigración ilegal que ya no es conveniente.
Porque al Brexit inglés, le sigue en Brout, con una iniciativa creciente para expulsar a los ilegales y proteger sus fronteras invadidas por la existencia de la UE.
Mientras otros países han erigido vallas alambradas, y hablan de murallas, buscando detener la inmigración ilegal.
Y, los EE. UU., que realizan esfuerzos nada disimulados para que los haitianos encuentren aquí su sueño de mejoría, han comenzado también la expulsión de haitianos ilegales desde su país y les impiden la entrada; porque alegan tener ese derecho.
Y lo tienen.
Aunque sus funcionarios, no quieran admitir que la República Dominicana también tiene el derecho de expulsar a los ilegales de cualquier nación.
Aunque sea su vecini.
Porque a los haitianos ilegales e indocumentados no los quiere nadie en sus territorios.
Solo hay que observar como cruzan Centroamérica y se acumulan en la frontera norte de México.
¡Y cómo los estimulan a dirigirse hacia la República Dominicana!
Su tierra prometida, con la garantía del nuevo Moisés.












