El PLD en la actual coyuntura

 Por Alejandrina German

 

Desde la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), se ha estado trabajando sin descanso en procura de construir un mejor país; intentando siempre hacer realidad el pensamiento político del Profesor Juan Bosch.

Desde el año 1973 hemos pretendido desarrollar liderazgos fuertes a partir de nuestra gran capacidad para dialogar, para coordinar y aunar los esfuerzos de los demás, apoyados en una disposición sincera para buscar y atender nuevas opiniones, lograr la unidad en la diversidad y consolidar las fuerzas de las acciones emprendidas en procura de un objetivo común. Esos objetivos, solo los seguiremos logrando si somos capaces de ser coherentes entre lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos.

Para Bosch, cada organismo es una unidad y ningún miembro podía actuar tomándose la representación del mismo o del partido. Tampoco pueden hacerlo dos o tres miembros a menos de que sean la totalidad. Un organismo deber ser siempre una unidad, y el que la rompa, está rompiendo la unidad de nuestra organización. Así lo planteó en un artículo publicado en Vanguardia del Pueblo, (No. 38, 1976) que “Una unidad es lo particular y la unidad es lo general; pero tanto en lo particular como en lo general hay que cuidar más que a las niñas de los ojos la unidad ideológica, orgánica y organizativa del Partido”.

Todos los peledeístas están en el deber de mantener la disciplina del partido y vigilar para que todos los compañeros la mantengan.
Bosch reiteraba que no se debía fomentar el grupismo ni el amiguismo. Es importante recordar esta célebre frase en la que planteaba lo dañino que era la formación de grupos o corrientes a lo interno de los partidos cuando afirma: “El grupismo divide; el grupismo fomenta el desorden; el grupismo destruye la disciplina porque destruye la unidad; el grupismo es por naturaleza el enemigo de la organización, y la palabra organización que acabamos de escribir no significa el Partido sino la acción y el efecto de organizar, que produce una fuerza cohesiva, es decir, que reúne, que unifica, que da poder interior a las asociaciones humanas”. Juan Bosch (1975).

En ese sentido, es importante recordar que Bosch nos enseñó que el populismo, el grupismo, el clientelismo y la demagogia, son deformaciones que cada día hay que enfrentar, si queremos ser útiles al pueblo. Esas expresiones nos revelan que romper con estas prácticas es el mejor medio para convertir la política y por ende el trabajo de los partidos, en una práctica de servicio, que requiere capacidad para entender la realidad y actuar para transformarla.

Por lo antes expuesto, podemos afirmar que, con la creación de “su mejor obra política” como calificó el propio Bosch a la construcción del PLD, considerado “Un Partido Nuevo en América”; él lo concibió como un partido de militantes, con métodos de trabajo propios, que aseguraran capacidad, organización y eficiencia, pero sobre todo vinculado al pueblo y sus problemas reales. Ofreció especial atención a los criterios para la selección y elección de sus dirigentes, concibiendo los valores, contemplados como una unión de las cualidades de capacidad, desarrollo político, liderazgo, honestidad y la entrega al partido, como las principales condiciones para ser militante.

Ante la difícil situación que estamos viviendo, que podría implicar un debilitamiento indetenible del sistema de partidos políticos en el país, y el PLD no es la excepción; es importante recordar que la principal obra política de Juan Bosch está comprometida, según lo que establece la declaración de principios, aprobada en el VIII Congreso Comandante Norge Botello, que “El proceso de consolidación partidaria se fundamenta en la promoción del debate interno como medio que permite la aportación de ideas y nuevas perspectivas que pueden enriquecer la organización. El derecho a la discrepancia y a la libre expresión de los miembros de la organización deben apuntar a fortalecer el proyecto colectivo, no a debilitarlo. En el PLD la discrepancia y el debate deben dirigirse a la cohesión y al fortalecimiento del Partido. Las diferencias deben manifestarse desde la lealtad, con espíritu constructivo, con respeto a las decisiones adoptadas por las instancias partidarias”.

Es importante que leamos con detenimiento este compromiso si realmente queremos preservar el “Partido Único en América” con el que nos comprometimos.