Por Leonardo Sanchez

El sainete, un género literario y teatral, es una pieza teatral breve de tema jocoso y normalmente de carácter popular, perteneciente a la burlesca. Quizás por eso, por burlesco y popular, le ha dado tanto trabajo a la PGR la investigación de un caso ampliamente investigado, con claros culpables de muchas cosas más que de recibir sobornos

Luego de las confesiones de la empresa Odebrecht, en los Estados Unidos, Suiza y en su país, y que “cogieron fuera de base” a sus socios locales, sumada a la falta de diligencia en las investigaciones para reclamar, como todos los países afectados, el dinero de los sobornos y de las sobrevaluaciones de obras, en la RD se hizo un acuerdo de no judicialización del caso, a cambio de una pírrica suma de dinero a ser recibida prorrateada en varios años, y de recibir una información especial que nunca ha llegado o ha sido engavetada.

Todo con el fin político de continuar una obra mega sobrevaluada y de que la empresa, delincuente confesa, terminara la misma por ser la mayor promesa de campaña y por temor a que otra empresa entrara en el juego con posibilidad cierta de descubrir lo que ya todo el mundo sabe. Y le han visto la cara de pendejo -al que la tiene- por hacer un acuerdo mostrenco y no demandar a la empresa, para terminar demandado por ésta. ¿La tiene o no la tiene?

Y, además, en las tímidas gestiones locales, se negligieron los plazos para dar tiempo, ¡avisado!, para enredar la cabuya, a los sobornadores y a los sobornados. A los verdaderos responsables de haber aprobado la caterva de contratos y las adendas que inflaron los montos a gastar por el estado que se fueron de fiesta en fiesta y de elección en elección.

Y de cuentas legítimas a cuentas oscurecidas y viceversa, haciendo turismo monetario por los paraísos caribeños entre bragas olvidadas, y tangas y bikinis, de resort en resort.

Y la cabuya se ha enredado tanto, que ahora, el estado que no se atrevió a demandar a los confesos delincuentes, para tratar de preservar su gobierno, y el silencio de los cómplices, ahora es demandado por una cantidad muy superior a la bicoca que le admitieron devolver a plazos.

Porque, lo importante no era encontrar a los culpables de alterar el sistema de aprobación contratos y de recibir dinero a cambio, sino trastocar el proceso para hacer un “ven tú” con mansos y cimarrones, de manera que, el debido proceso quedara vulnerado, para que todo quedara en agua de borrajas.

Ahora, a la luz de los actuales acontecimientos, parecería como si se hubiera realizado un acuerdo, dentro del acuerdo de impunidad con la Odebrecht. Porque, perdiendo la demanda incoada contra el estado dominicano en un tribunal arbitral, y es seguro que la va a perder, el país tendrá que pagar a los demandantes, sin acuerdo de prorrateo, contante y sonante, un monto reclamado como sobre costos, varias veces mayor al reconocido como soborno.

Y, como todo se refleja en la política, los políticos que han metido al estado de la nación en este tejemaneje, van a tener la excusa de que van a pagar porque tal decisión ha sido el producto de una sentencia de un tribunal internacional. Porque los culpables de tener que pagar esos montos han tratado de llegar “hasta las últimas consecuencias”.

¡Como siempre, todo en contra de la sociedad contribuyente!

Aparentarán, llorar como niños lo que no fueron capaces de defender como hombres y mujeres, pero será parte del mismo engaño, porque todo había sido acordado previamente, cuando dejaron que los delincuentes extranjeros se llevaran del país todas las evidencias de su departamento de sobornos y se hizo el acuerdo de impunidad para los funcionarios de Odebrecht en el país.

Porque esa información, en archivos físicos y electrónicos, que estaba en el edificio de la calle Pedro Henríquez Ureña, no solo afectaba a los chiriperos dominicanos que se vendieron por centavos de dólar, comparado con el dinero sobrevaluado y sobornado en Brasil, Perú, Argentina, y otros países, donde los políticos, que vendieron su honra para estafar a sus sociedades pagadoras de impuestos, están sometidos a la justicia y presos.

Pero aquí, todo está consumado, y jamás se podrá saber el destino de las sobrevaluaciones, que es donde las “sonrisitas” se congelan y, a cualquiera se le “aprieta el bubí”, aun contando con “su congreso” y “su justicia”.

Pero aquí, los verdaderos sobornados están blindados y sacando pecho. Manipulando el proceso que tan tibiamente han instrumentado para salpicar de excremento a muchas personas que no tienen nada que ver con los verdaderos sobornados. Los que siguen golpeando con el mallete y extendiendo la mano por debajo de la mesa, aprobando la enajenación de los bienes del estado, sabiendo que el expediente donde deberían estar en la primera línea, ha sido realizado para que fracase y queden libres de pecado.

Mientras, el acuerdo sigue para que los contribuyentes se deleiten con la obra teatral y no sientan la tarrascada cuando tengan que pagar la suma que han acordado sobornados y sobornadores para completar su estafa al estado dominicano.

Diga usted, ¡si no es un relajo el hecho de que los legisladores y otros funcionarios que aprobaron mayor cantidad de contratos y adendas, estén fuera del expediente!

Igual, aquellos funcionarios que tenían la responsabilidad de supervisar las inversiones y el progreso de las construcciones y nunca dieron una alerta de las sobrevaluaciones.

Es para recordar a Garrick, riendo y llorando, presenciar un acuerdo hecho por adelantado, para justificar el pago que se va a derivar de una condena casi segura en una corte internacional, donde el país nunca ha ganado nada más que una experiencia amarga.

Por eso, estamos ante una obra de teatro que ha iniciado sin que nos diéramos cuenta de que cuando baje el telón, seremos 70 millones y pico más pobres, y los estafadores serán más ricos entre los aplausos de aquellos que todavía creen que hemos ganado algo con el acuerdo.