Leonardo Sanchez

¡Vade retro, satanases!

En este país dominicano, no se descansa de la política partidista y, para dejarlo establecido con claridad, se pueden observar los aprestos de los partidos de todos los colores y sus probables candidatos, y también de los que siempre van “aliados”, porque son entelequias parasitarias solo con fines de seguir chupando de la teta oficial.

¡Y, por eso nunca aprueban la ley de partidos ni la nueva ley electoral!

Pero en esos aprestos candidatiles, destacan las figuras que más rechazo concitan entre la ciudadanía nacional que no ha sido de alguna manera comprada para demostrar adhesiones a los viejos “lideres” gastados por la corrupción y sus complicidades mutuas.

Esos mismos que quieren reciclarse a sí mismos, escondiendo bajo una alfombra de propaganda sus hechos deleznables y apostando a la falta de memoria colectiva de la sociedad.

Porque están sueltos por las mismas componendas con las que siguen tratando de ocultar sus exacciones corruptas cuando mal ejercieron el poder del estado, y tampoco renuncia el actual al haberse encontrado descubierto en la conexión brasileña de Odebrecht y el evidente financiamiento de sus campañas electorales en franca violación de la constitución y la ley electoral.

Uno, el que encontró la llave de la caja de pandora de la hiper corrupción y la mantuvo hasta que el otro se la arrebató por escaso tiempo, hasta que llegó el campeón del pragmatismo que pretende seguir con ella en la mano.

El otro que, por conveniencias propias, y para evitar cualquier cuestionamiento posterior, negoció la impunidad del rey de esa actividad, descubriendo una máxima que lo condena con aquello de que “los ex presidentes no se tocan”, solo con la finalidad de amarrar su chiva en la marquesina del Dr. Balaguer, y de que el que viniera después de él, tampoco lo tocara por ninguna “indelicadeza” en su gobierno.

Y el de más acá que, activamente busca superar todos los récords de los anteriores pretendiendo, como Pedro Santana, seguir sentado en el cagadero.

Porque ¿qué puede ofrecerle, sinceramente y sin apasionamientos ni cantaletas demagógicas, Leonel Fernández, a un país que él exprimió a placer, a través de interpósitas personas, violando inclusive la ley de leyes, y luego peor que una violación, reconstruirla a su gusto?

¿Volvería como el hijo pródigo, arrepentido? Y quien podría creerle después de tantas mentiras adornadas con lo que muchos entendieron que eran “palabras bonitas” y que no fueron nada más que adornos para esconder sus falsedades, y las sustracciones de sus recolectores que le construyeron su paraíso soñado con el presupuesto nacional a partir del “dinero del príncipe”.

O es que vamos obliterar los altos porcentajes que tenían que desprenderse los contratistas y suplidores del estado para abonar las cuentas de su fundación.

¿Vamos a olvidar los millones del Caso Sun Land, por la cobardía y venalidad de un juez supremo que, buscando un intercambio, “fue por lana y salió trasquilado?

La impunidad lograda en base a la prevaricación de funcionarios judiciales designados por él mismo, no puede ser la base de una rehabilitación política. El Caso de los Tucanos es un hecho inocultable y no solo lo salpica, sino que lo empapa, aunque haya gastado recursos económicos y políticos para mantenerse al margen de las investigaciones que han hecho sus propios dependientes políticos. ¿Vamos a olvidar la conexión jordana?

También está el caso de la conexión haitiana con todas sus ramificaciones de traición, lavado de activos y narcotráfico, tráfico humano y negligencia deliberada en el cumplimiento de la constitución y las leyes, dejando que organizaciones extrañas iniciaran el tráfico de parturientas haitianas hacia la República Dominicana.

Solo hay que recordar a dónde han quedado los amigos del FMI, Rodrigo Rato y Dominic Strauss-Kahn, y el representante dominicano ante las Naciones Unidas que moraba en las oficinas globales de Nueva York. ¿Dónde están esos amigos del aspirante a candidato presidencial? ¿y por qué están dónde están?

¿Por qué salieron de donde pontificaban ante el mundo como mirlos blancos?

El otro. ¿Qué puede ofrecerle Hipólito Mejía a un pueblo que puso, y sigue poniendo de mojiganga? Un hombre que no sabe ponerse a la altura de su investidura, negociando sin ninguna solemnidad cuestiones fuera de su alcance y de su puesto como el salvamento de inversionistas en bancos Off-Shore.

Con chabacanerías y exabruptos no puede servirse a un estado ni queriendo ser gracioso como un príncipe de la sonrisa, y terminando como un payaso lamentable. Tampoco teniendo sus corruptos favoritos entre los corruptos de su partido y los partidos opositores con chivas que amarrar en tiempos electorales que, aquí es siempre.

Y tampoco hay que olvidar el gasto de los recursos del estado para atropellar también la constitución para buscar el triste espectáculo de un intento fallido de reelección, para dejarse robar esas elecciones por los mismos ladrones que no se atrevió a encarcelar.

Y cabría preguntarse, sin darle más vueltas, ¿para qué carajo quiere Hipólito volver a la presidencia que no supo honrar ni hacer nada destacable en beneficio de la sociedad que, en un momento, llegó a pensar algo diferente de sus habilidades?

Y el siguiente, que ha superado en corrupción y lenidad al primero, dejando que la corrupción no se detenga ni en la puerta de su oficina, permitiendo que se siente y comparta algunas caipiriñas endemoniadas, que confiesen que han vivido de sobornar y sobrevaluar obras y negocie su silencio para tratar de no salir embarrado.

El que se ha dejado arrinconar de organizaciones extranjeras que lo chantajean con la corrupción palpable, para que deje que Haití se siga vaciando hacia el territorio que ha jurado dos veces defender.

El que ha permitido la dilapidación de los bienes públicos, sin consecuencias para sus socios políticos prevaricadores impunes.

El mismo que permitió el uso indebido del sagrado presupuesto del 4 % de la educación para su campaña y la campaña de “su congreso”. Ese, que no ha detenido su campaña en los medios y que sigue sorprendiendo a los productores de cualquier cosa, previamente organizados para esperarle sorprendidos.

¿Qué más puede ofrecer Danilo Medina como candidato? ¿Tal vez la nacionalidad haitiana, para que los dominicanos no tengan que buscar una visa para cruzar la frontera de Haití? Sí, de Haití, porque la dominicana ¡parece que ya no existe!

Finalmente, una pregunta, ¿permitirá el pueblo dominicano que uno de esos tres siga incrementando los anillos en el tronco añoso del árbol de la corrupción tutifruti?

¡Vade retro, satanases!