Por:Lic. Yenifer Gil

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “Educar”, significa: Desarrollar las facultades intelectuales, morales y afectivas de una persona de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que  pertenece. De esa definición, puedo inferir que el tema de la educación y la formación de los seres humanos es muy variado y particular, dependiendo del tipo de familia, de aspectos culturales y de las creencias de cada quien. Sin embargo, a pesar de esos factores y de otros como los avances en el tiempo; no debemos dejar de lado ciertos aspectos a tomar en cuenta, que nos ayudarán a determinar si realmente estamos formando a nuestros hijos para que sean hombres y mujeres de bien o si por el contrario con nuestra manera de criarlos estamos contribuyendo a su mala educación y poca formación para enfrentar la vida de una manera positiva y enérgica.

Siempre que utilizo el término educación, lo relaciono con la palabra formación, pues es una forma de conjugarla y complementarla; ya que hijos educados de una manera adecuada; sin lugar a dudas se va a reflejar en la forma que toman sus decisiones y dan respuestas a las diferentes etapas y circunstancias de sus vidas.

Como dije anteriormente, aunque los tiempos han cambiado y vivimos en la época del modernismo; cabe destacar que los valores y principios nunca pasan de moda y que estos hoy en día, al igual que en el pasado; son los que deben guiar y orientar la formación de sus hijos, de modo que, todas las decisiones que deban tomar a lo largo de sus vidas, estén basadas en esos valores que les han sido inculcados.

Es importante señalar, que para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad constantemente amenazada, liberal y promiscua, a tal punto que a veces me he preguntado ¿Cuándo cambiaron los manuales de conducta, los códigos de vestimenta de acuerdo a la edad y a la ocasión? ¿Cuándo fueron modificados los manuales de ética? Etc. Y es que vemos como algo normal que ya no se respeten a las demás personas; sobretodo “A los mayores” como nos decían antes. El ver la realidad de hoy, nos permite descubrir que muchas cosas han cambiado, pero que también son muchas las que debemos rescatar; independientemente de que estemos en otros tiempos.

Debo resaltar, que educar es mucho más de lo que algunos piensan, mucho más que enviar a sus hijos a las escuelas; pues como nos muestra la definición otorgada más arriba, educar, es mucho más que procurar únicamente el desarrollo intelectual, se requiere, además que los niños y adolescentes sean educados en valores y que los hogares sean verdaderos centros de afectividad, amor, cortesía, compromiso, responsabilidad y respeto por la propia vida y por la de los demás.

Es precisamente en los hogares, donde se aprende a decir: “Gracias” y a ser realmente agradecidos; es allí donde se enseña a valorar a las personas en su justa dimensión, donde se debe desarrollar la parte afectiva y comunicativa y se aprende a respetar las opiniones de los demás sin cercenar las nuestras. En el hogar, se aprende a respetar las normas y la autoridad, porque allí inicia el ejercicio de poner reglas y límites a sus hijos y de que ellos respeten los mismos. Cuando decides Formar/Educar a tus hijos, eso debe llevarte a entender que su forma de ver la vida en el mañana dependerá mucho, de la forma en que tú como padre, se la has hecho ver en el presente.

Culminaré con algunas líneas de una conferencia de Larrosa, sobre educación, la cual nos puede ayudar a profundizar sobre el tema tratado: “Educar…tiene que ver siempre con una vida que está más allá de nuestra propia vida, con un tiempo que está más allá de nuestro propio tiempo, con un mundo que está más allá de nuestro propio mundo…” Luego de entender esto, podemos discernir si en verdad ¿Estamos o no educando y formando a nuestros hijos?