Imagínense por un momento que usted es un espíritu libre con una cabeza creativa. Y comienza a trabajar en un lugar donde su jefe mide al milímetro cualquier acción de sus trabajadores en su afán por obtener la máxima rentabilidad posible.

Una complicada situación de gestionar que Adrian Newey vivió durante los siete años que trabajó en Woking junto a Ron Rennis. Trece años después de abandonar la escudería británica rumbo a Red Bull, Newey relata en su biografía ‘Cómo construir un automóvil’, algunas peculiares vivencias del ex director ejecutivo de McLaren.

“Se sabe que el color favorito de Ron Dennis es el gris. Todo en la fábrica de McLaren era gris, excepto mi oficina. La oficina tenía un techo de caoba oscuro, un escritorio negro, marcos de ventana negros y una silla de color marrón oscuro. Trabajaba como un loco hasta la medianoche todos los días y era un lugar muy deprimente cuando me iba a casa”, confiesa el ingeniero nacido en Stratford-upon-Avon.

Un estado de ánimo que el actual director técnico de Red Bull soportó hasta mitad de temporada: “Cuando salí para el Gran Premio de Hungría el jueves por la mañana, le pedí al gerente de la fábrica que hiciera mi lugar de trabajo un poco más afable y le pusiera un poco de pintura azul. Cuando regresé era mucho más acogedor. Entonces vino esa noche Ron Dennis para ver cómo estaba progresando. Cuando se paró en la puerta, dejó de respirar y se puso completamente rojo. Finalmente se puso de puntillas y se fue, sin decir una palabra. Condujo a casa con su esposa Lisa alterado por completo”.

Contrario a sus expectativas, Adrian Newey no tuvo que rediseñar su oficina pese a las estrictas exigencias de Dennis, algo que demuestra que uno de los ‘gurús’ de la aerodinámica ya gozaba de cierto prestigio en la Fórmula 1: “Era oblicuo. Si mi puerta estaba abierta al exterior, tenía la impresión de que se iluminaba una fotografía a color dentro de otra en blanco y negro. Porque todo estaba en blanco y negro”.

Por último, el británico de 59 años rememora los inconvenientes que tenía para acceder rápidamente a su lugar de trabajo cuando se inauguró el McLaren Technology Center en 2004: “Al principio, ni siquiera se permitía tener botellas de agua en tu lugar de trabajo. Solamente cuando Dennis se enfrentó a las amenazas de la ley laboral, tuvo que ceder. Pero el café o el té siguieron estando prohibidos. Además, sólo permitía una foto personal en el escritorio, y tenías que guardarla cuando te ibas para casa. Era un ambiente muy controlado. Entrabas a través de unos largos corredores blancos y tardabas un tiempo en llegar al trabajo. Un día decidí realizar otra ruta por el césped del aparcamiento. Recibí una advertencia por correo electrónico de que una investigación interna se iniciaría si no realizaba la ruta prevista para llegar a mi oficina”.

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