Existe una situación, que se vive con aprehensión en los pueblos y campos invadidos por extranjeros ilegales e indocumentados, irreverentes, prepotentes y apoyados por un poder que nadie se atreve a desafiar y a aplicar la ley de migración para controlar la frontera y deportar a todos los deportables como establece la ley. Es como si estuvieramos dormidos o la ley no fuera la ley o como si los ilegales fueran de alguna manera especiales ante la ley.

Muchos dominicanos no dan crédito a los descubrimientos que se siguen suscitando en torno a lo que se ha venido llamando “invasión pacífica haitiana” y “plan de fusión de las dos naciones”, porque cada día hay más haitianos ilegales indocumentados en los pueblos, ciudades y parajes del país, haciendo lo que hacen que es inocultable, pero que nadie quiere ver, como una niña con sus brazos sercenados por un obseso pervertido.

A cada momento ocurren situaciones que no han podido ser ocultadas y que desmienten los desmentidos que han venido haciendo funcionarios dominicanos y “organismos Internacionales”, ambos empeñados en minimizar la crisis migratoria que están viviendo los dominicanos por causa de sus vecinos.

Los primeros para no perder sus visas, y cualquier dádiva que pudieran estar recibiendo en efectivo o por el enfriamiento de expedientes que pudieran cambiar su estatus legal.

Los segundos, porque si existe tal plan, y todo indica que existe, es su plan, y se viene desarrollando a pedir de su boca, porque no hay en el país un doliente que se interponga en la ejecución de ese plan.

Solo hay que observar la lasitud con que se viene manejando el departamento de migración que, no realiza las deportaciones de inmigrantes ilegales indocumentados que en cualquier país son deportados sin más trámites que su detención, depuración y registro, y expedición de una carta de ruta para su viaje a casa, en su país de origen.

Mientras, la frontera permanece abierta, sosteniendo el negocio que viene enriqueciendo a militares y políticos, vendiendo los permisos para cruzar y no retornar de nuevo a su país, mientras en el territorio vecino crece la incertidumbre con miles de personas deambulando sin identificación y sin derecho legal de residir allí, delican o no delincan, y muchos delinquen.

Y no retornan, porque encuentran acogida entre compatriotas ya asentados y orientados, y empresarios que les dan trabajo en franca violación de la proporción 80/20, establecida por la ley que regula el trabajo de los extranjeros. Y, ante tal violación de la ley, el ministerio de Trabajo no se da por aludido, en detrimento de la clase trabajadora dominicana.

Una clase trabajadora nacional que también guarda silencio, mientras sus oportunidades de trabajo son otorgadas a los extranjeros ilegales indocumentados. Y no es como se dice que los contratan porque les pagan menos, es posible que el hecho provenga de tarifas laborales deprimidas, y que ellos han contribuido a su deflación y no de salarios diferentes para los extranjeros. Y esas tarifas, por la preponderancia de los extranjeros en la masa laboral, afecta a todos por igual.

Por otra parte, el país ha sido convertido en paritorio de Haití, con cientos de parturientas que son traídas a su labor de parto sin ningún trámite migratorio y sin ningún costo personal por los gastos en los que incurren los hospitales dominicanos, cargándose al presupuesto de la nación. Son organizadas en su país por ONG’s que actúan con total impunidad y plena prepotencia de no rendir cuentas a nadie de nada ni cumplir ningún trámite migratorio.

Y no hay ningún funcionario dominicano que tome medidas para evitar esa aberración, habiendo alguno que otro que alza su voz para denunciar, y solo eso; denuncias en los medios y ninguna acción para ejercer un derecho que es inalienable.

Y ahora, es peor, porque como para compensar el efecto de la Sentencia 168, que alteró el estatus legal de los hijos de los cañeros ilegales, que habían obtenido documentos legales, ahora se quiere otorgar apellidos castellanos a los niños que sean abandonados en los hospitales del paritorio por medio de la resolución 03-2017 de la JCE.

¿Y de dónde son las mujeres que abandonan frecuentemente sus niños en los hospitales dominicanos? Y, aunque no son tantos ahora, algo menos de 300, la existencia de esa resolución, produciría un efecto llamada para que un alto porcentaje de las parturientas traídas al país, abandonen sus criaturas porque tendrán garantizado no solo un nombre hispano, sino todo resuelto en el Conani y, de una forma o de otra, serán ciudadanos dominicanos con un nombre que no es el de sus padres francófonos.

Un total sinsentido, porque las madres, que son localizadas, recogidas, organizadas y traídas ya organizadas, tienen nombres en su país y con sus nombres son registradas en los hospitales dominicanos donde paren, aunque no se sepan los nombres de los hombres, pero las criaturas deben tener los nombres de sus madres, como no podría ser de otra manera, si no existiera la intención de realizar un trasiego poblacional entre dos naciones de perfiles étnicos y lingüísticos distintos y ancestralmente opuestos.

¿Por qué se quiere ignorar los nombres de las madres que paren y abandonan a sus hijos, y más los abandonarán si el sinsentido se impone, para que sean otros los que carguen con ellos? ¿Por qué las ONG’s que las reunen y las traen permiten que abandonen a sus crías? ¿Por qué lo permiten las autoridades hospitalarias?

Y ese sinsentido, por increíble que pueda parecer, ha sido promovido por funcionarios dominicanos, aunque la idea haya provenido de las mismas organizaciones que están balcanizando la soberanía dominicana. Y, aunque diversas personalidades se han venido pronunciando al respecto, el poder legislativo se muestra ausente y no ejerce su labor legal de fiscalización y, en un país presidencialista, que hasta para inaugural una letrina se acude al presidente, el ejecutivo mira para otro lado para que no lo salpique el tema.

Porque, por alguna circunstancia económica o de coacción, la soberanía nacional no encuentra dolientes. Está abandonada a merced de los que han venido a balcanizar, es decir, trasplantar los ciudadanos de una nación hacia adentro del territorio de otra, reclamando derechos sin asimilar sus valores, algo que, a la larga, resulta en una ocupación gradual, sin prisa, pero sin pausa.

¡Pero ocupación al fín y al cabo! Ocupación de escuelas, de hospitales y centros de trabajo.

Ese es el resultado que se busca con la resolución 03-2017 que busca dotar de un apellido hispano a los niños que han sido abandonados en los hospitales y los que serán abandonados en números crecientes, si tal despropósito fuera aplicado.

Esa es una de las estrategias usadas en Kosovo, y que condujo a una guerra sangrienta cuando la ONU, y sus controladores habituales, usaron diferentes estrategias para imponer los ciudadanos albaneses a los de Kosovo. La sangre de ambas naciones fue derramada en una guerra provocada por la intervención de “organismos internacionales” en los asuntos soberanos de la nación kosovar.

Quien lo quiera comprobar, solo tiene que buscar la obra: “Kosovo: Un precedente?”, editada por James Summers; ISBN: 978 9004 17599 0, y disponible en Amazon.com

No podemos ser ciegos a una realidad que nos rodea, nos está penetrando, infiltrándose en las entrañas de la nación dominicana. Y a nadie le importa y nadie defiende el derecho de la nación dominicana, como un destino manifiesto que la condena a desaparecer.

¿Cuándo es que vamos a despertar?

Ojalá no sea muy tarde.