Usted apareció junto a Santana y el equipo español de Copa Davis en el número uno de As, ¿se acordaba?

Recuerdo que nos enteramos de que salía un nuevo periódico deportivo y lo celebramos porque veíamos que el tenis se estaba popularizando y nos venía muy bien que la prensa viajara con nosotros. Veníamos de ganar la final interzonas a Sudáfrica en Johannesburgo, para poder enfrentarnos a Australia en la gran final de la Copa Davis. Recuerdo la llegada al antiguo Barajas, con muchísima gente en las terrazas. Fue un acontecimiento. Afortunadamente estamos todos vivos: Manolo Santana, Juan Gisbert, Manuel Orantes y yo, y podemos celebrar los 50 años de As. ¡Felicidades, y que cumpla muchos más!

¿Usted recuerda ver el As en quioscos, bares…?

En aquella época estábamos todo el santo día viajando. Pero a todos los deportistas de la época nos hizo ilusión que saliera un diario del calibre del As, en un momento difícil para el deporte. Cuando era tenista siempre estaba dando la vuelta al mundo y no frecuentaba los bares, pero estoy seguro de que mi padre recortaba lo que salía escrito sobre mí en el As.

¿Tuvo usted alguna relación con nuestro periódico?

Durante una época hice unas colaboraciones en la contraportada, con Julián García Candau como director. Y después participé en una conmemoración de la Davis de 1965 en Marbella, que organizó Alfredo Relaño con Canal+. Siempre he seguido con atención lo que ha hecho As, y ahora tengo más tiempo.

¿Hasta qué punto fue importante para ustedes que saliera un nuevo diario deportivo?

En aquellos tiempos era la única forma de hacer entender a la gente lo que era el tenis. Si tú lograbas alguna hazaña y no había nadie para contarla, no había quien se enterara, no había más medios. Por eso la salida de As ayudó mucho a popularizar el tenis y el deporte en general. Ahí empezaron a mandar enviados especiales.

¿Qué tal se llevaba con nuestros redactores?

Fenomenal. Hacíamos vida conjunta, en el mismo hotel. Nos veíamos por las mañanas, desayunábamos y nos hacían preguntas antes de salir. Se consideraba que ese esfuerzo de la prensa merecía atención y apoyo por nuestra parte. Había una cordialidad y una entente estupenda. Recuerdo con cariño a Ramón Sánchez y a Julián García Candau, que en aquella época estaba en el Ya. Había mucha verdad en los reportajes porque el material era de primera mano. Veías a un periodista y le decías: ‘He dormido cojonudamente’, y no pasaba nada.

Pasemos a hablar de usted. ¿Es cierto que nació en el Real Club Tenis Barcelona?

Literalmente, porque mis padres eran los encargados de allí con vivienda. En 1941 no íbamos al hospital, nacíamos con la comadrona en casa. Por eso me hice tenista, estaba rodeado de raquetas. El padre de Andrés Gimeno daba clases y con él aprendimos los dos.

¿Cómo eran los viajes en aquellos tiempos?

Pues fíjese. Se lo conté una vez a Relaño. En 1958 Andrés y yo fuimos a entrenarnos con Harry Hopman unos meses en Australia, y tardamos 100 horas en llegar. Los aviones eran de hélices y había muchas escalas: Barcelona-Niza-Roma-Beirut-Carachi-Bangkok-Singapur-Perth-Melbourne-Sydney. Hacíamos billetes con millas de un grosor de 20 cupones, pagados con el caché que teníamos en los torneos.

¿Cómo fue ser pareja de dobles con Manolo Santana?

Empecé con Gimeno y con mi hermano Alberto. A veces con Gisbert y unas pocas con Orantes. Pero con Manolo hice toda mi carrera. Éramos como hermanos, siempre juntos. El dobles era importante, porque lo jugaban todos los buenos, hasta Rod Laver. No conjuntábamos y así pasamos diez años. En 1972 nos retiramos a la vez.

¿Y a qué se dedicó?

A representar firmas de ropa de tenis en España. Primero trabajé para Fred Perry, porque él mismo me lo pidió, y luego con Sergio Tacchini. También fui comentarista en Televisión Española. Ahora ejerzo de abuelo.

Fuente