Por Leonardo Sanchez

En la antigua mitología griega, Lamia (Leɪmiə; en griego: Λάμια) era una hermosa reina de Libia y amante de Zeus que se convirtió en un demonio devorador de niños por influencias de Hera la esposa traicionada y que le arrebató a sus hijos, condenándola a sustraer a los hijos de otros. Aristófanes decía que su nombre derivaba de la palabra griega para Garganta (λαιμός; laimos), refiriéndose a su hábito de devorar niños ajenos.

Hay en el país un monstruo que también se está comiendo a los niños ajenos al nacer y a muchos al poco tiempo de hacerlo. Es una Lamia vernácula que realiza su cacería en los hospitales públicos, engulléndose a cientos de criaturas al nacer.

Se dice que habita en el ministerio de salud y que cuenta con la indiferencia de los funcionarios de esa dependencia oficial que todavía no se dan por enterados de lo que está ocurriendo y de que también ellos mismos son responsables de esos hechos.

Alegan, los funcionarios hospitalarios, una falta de recursos económicos para realizar sus labores con la eficacia suficiente para evitar la tragedia que asola los hospitales de maternidad. Y acusan al congreso de su falta de recursos, no solo para las maternidades, pero también para otras tareas hospitalarias que, alegan, evitarían la muerte también otros pacientes enfermos de crecimiento económico mal repartido.

Es una reyerta entre políticos que “se tiran las cajas y los cajones” para ver quien carga con las culpas y quien solo con el dinero.

Así, tampoco se enteran aquellos políticos responsables de aprobar los presupuestos que prefieren asignar mayores recursos a entidades que no existen en el registro oficial formal, como El Despacho, en lugar de asegurarle mayores asignaciones para Salud Pública que tanto las necesita.

Porque todo se ha resumido en una discusión presupuestaria de si asignan o no las partidas necesarias para evitar la muerte de los neonatos, y también de muchas de sus madres que fallecen en el proceso de alumbramiento en los hospitales públicos.

A nadie se le ha ocurrido relacionar esas muertes con la corrupción que ancestralmente le ha venido negando a las madres el derecho a la alimentación mínima necesaria para que el fruto de sus vientres reciba los nutrientes que podrían evitar su fallecimiento al ser dados a luz.

Y se crea ese monstruo devorador de niños por obra y gracia de los políticos que controlan el futuro de la nación mientras se llenan los bolsillos impunemente y a la vista de todos, mientras la corrupción sigue siendo negada. “¿Corrupción? Pero, ¿cuál corrupción?”

Y allá arriba, donde habitan los verdaderos monstruos que devoran el país, nadie se da por enterado ni cuestiona ni sanciona a nadie por los niños y madres que mueren todos los días en los hospitales públicos.

Ni le hacen una visita sorpresa a Lamia.