Seis títulos —dos Grand Slam (Roland Garros y US Open), dos Masters 1.000 (Montecarlo y Madrid) y dos ATP 500 (Barcelona y Pekín)—, otras cuatro finales (Australia, Acapulco, Miami y Shanghái), 67 victorias en 78 partidos y el número uno del mundo. Esas son las cifras de la magnífica temporada de Rafa Nadal, que acabó el lunes con una derrota en el Masters ante David Goffin.

Ese final triste y prematuro, por culpa de una tendinitis en la rodilla derecha que se agravó en Shanghái, no empaña el año mágico del español, a la altura de los mejores de su carrera (ver gráfico). “La temporada ha sido la soñada, hubiera pagado mucho dinero por vivir una así”, dijo el balear, saliendo al paso del debate sobre una planificación que defiende a capa y espada.

Nadal acabará 2017 como el segundo tenista que más partidos (78) habrá disputado, tras Goffin, una cifra alta debido más a sus éxitos que al número de torneos (18), que son menos de los que han incluido en su calendario la mayoría de los jugadores top del circuito, excepto Roger Federer, que cerrará el curso con 12.

“No me arrepiento de ninguna decisión y no cambiaría mucho. Tomé los descansos adecuados y solo jugué cuatro torneos no obligatorios (Brisbane, Acapulco, Barcelona y Pekín). Los 78 partidos son porque fui muy competitivo”, explicó el balear, que insistió: “No creo que me haya equivocado, podría haberme saltado la hierba como Federer evitó la tierra, pero él tiene 36 años y yo 31. He ganado dos Grand Slams, otros cuatro títulos y he sido feliz. Mi calendario lo marcará mi cuerpo, mi mente y mi tenis”.

El hecho es que Nadal, sin lesiones durante toda la campaña hasta la gira asiática, ha logrado 28 victorias y cuatro títulos más que en 2016, y se ha acercado a su último gran año, 2013, cuando cosechó 75 triunfos y levantó 10 trofeos. En este aspecto es el tercer mejor curso de los últimos nueve y el sexto mejor de sus 17 años como profesional. “Me quedó con las semifinales de Australia contra Dimitrov, las del US Open ante Del Potro y la tierra”, recordó Nadal antes de cerrar con una reflexión: “Merecía un final mejor, pero el deporte no le debe nada a nadie”.

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