Rafa Nadal puso fin a su brillante año, en la medianoche del lunes, después de dos horas y 40 minutos de dura batalla contra David Goffin. En la pista del 02 de Londres estaban los dos tenistas que más partidos han jugado esta campaña. Nadal, renqueante, cerró con 78. Goffin, también tocado en una rodilla, lleva de momento 77. La exigencia del calendario de la ATP maltrata a sus jugadores más activos. Que le pregunten a Andy Murray, que todavía no ha levantado cabeza de la temporada que le coronó número uno. Nadal llegó con molestias al Masters, pero como es un campeón con casta y orgullo, probó fortuna. Había que intentarlo. Se le vio con la pisada insegura, sin el ritmo de otras veces. Pese a ello ganó el segundo set después de haber salvado cuatro bolas de partido. Así es Rafa Nadal.

El español se plantó en estas ATP Finals con 24 partidos más que el jugador con el que ha rivalizado por los grandes títulos y por el número uno durante la sesión: Roger Federer. Son muchísimos más. El suizo es un caso excepcional, también es cierto. A sus 36 años ha sido muy selectivo con su programa y le ha salido bien, porque ha tenido puntería con la elección de sus objetivos y clase para conquistarlos. Dentro de su estrategia huyó de Nadal en la machacona temporada de tierra. Rafa, por su parte, ha jugado durante todo el año. Hay que agradecérselo, porque nos volvió a deleitar con dos títulos de Grand Slam y con el liderazgo mundial. Pero también lo ha pagado caro. A su edad, 31, podría plantearse imitar a su eterno rival con un calendario a medida. Nadie podría recriminárselo.

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