Por Leonardo Sanchez

En la mitología griega, la Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático ctónico -telúrico- con forma de serpiente policéfala (cuyo número de cabezas va desde tres, cinco o nueve hasta cien, e incluso diez mil según la fuente) y aliento venenoso a la que Heracles mató en el segundo de sus doce trabajos. La Hidra poseía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada, y su guarida era el lago de Lerna en el golfo de la Argólida (cerca de Nauplia), si bien los arqueólogos han confirmado que este lugar sagrado es anterior incluso a la ciudad micénica de Argos, pues Lerna fue el lugar del mito de las Danaides. Bajo sus aguas había una entrada al Inframundo que la Hidra guardaba. -Wikipedia-

Mientras la corrupción campeaba por sus fueros, libre y “rumbo a la yerba”, no había cabezas visibles, emergiendo para denunciarla. El robo de los fondos públicos, navegaba plácidamente, exhibiendo su brillo y poder, mientras boroneaba sus exoneraciones para mantener calmada las profundas aguas que ocultan el temible monstruo policéfalo.

Esos que, por el contrario, en silencio se beneficiaban de la corrupción impune. Recibían su ración del boa aplaudiendo en sus algarabías de aposento en las profundidades de su confort estructural y ancestral en sus altas torres empresariales.

Exoneraciones cuantiosas de combustibles, impuestos aduanales y propiedades estatales, tradicionalmente han cambiado de nombre por vía de “Incentivos” y  “acuerdos” oscuros entre algunas cabezas oligárquicas. La evasión y elusión impositiva ha sido una compensación para su aceptación de la corrupción pública.

El legado de bienes raíces industriales de Trujillo fue un platillo gourmet de esa boa insaciable, repartido en silencio y devorado hasta los huesos. Terrenos urbanos y grandes extensiones rurales cambiaron de apellido mientras se revolcaban en los restos de la estafa de Lilís.

La constitución devino en “un pedazo de papel” sin orden definido que no fuera la acumulación primaria de esas fieras pequeño burguesas que siempre han actuado como Fuenteovejuna sin interesarse nunca en otra cosa que no fueran sus propios beneficios.

Que el orden constitucional y su fuente primaria fueran “papel mojado” no había sido motivo de sus preocupaciones. Por el contrario, se solazaban en su burla evasiva y elusiva.

Ahora para defender el este orden constitucional, surgen los integrantes de esos grupos empresariales oligárquicos como una hidra rugiente. Y no es el orden estrictamente constitucional el que pretenden defender, sino “su” orden constitucional, el de ellos. El que les ha garantizado sus privilegios de clase sobre las otras clases.

Porque, mientras Odebrecht expoliaba el presupuesto nacional con la participación y la complicidad de los políticos de turno sobornados en los últimos 15 años, esos defensores de la constitucionalidad guardaban un silencio sospechoso y cómplice. Satisfecho.

Los sobornos y sus consecuencias no eran desconocidos para esos emergentes paladines del orden constitucional.

Porque esos sobornos eran “la grasa” que lubricaba los ejes de su carreta.

Y no salían a los medios a rasgarse las vestiduras, haciendo coro abocinado con los ladridos pagados que oscurecen el espectro radioeléctrico.

Permanecían agachados, aunque la Odebrecht perjudicaba al sector empresarial nacional que siempre se ha dedicado a la construcción de obras públicas y privadas con sus desviaciones morales vernáculas. Porque Odebrecht no inventó las sobrevaluaciones y sobornos aquí, haciéndole solo un aumento exponencial estructurado.

Observaban calladitos como Odebrecht dejaba caer sus migajas a algunos de los constructores de país. Ese “orden” no les era extraño y no osaron nunca cuestionarlo y menos denunciarlo.

Porque mientras más daba Odebrecht, menos tenían que dar ellos para financiar elecciones y reelecciones. Porque mientras más daba Odebrecht más crecía su economía vendiendo lo que se vende en las fiestas de la democracia.

Mientras las bocinas y peinadoras atronaban los aires y el tsunami de yipetas de todos los sabores llenaban el país, y pagaban espacios mediáticos y compraban combustibles, ellos se beneficiaban y no tenían por qué denunciar lo que sabían.

Y ahora se destapan con un frente coordinado de ataque a los grupos coaligados que vienen reclamando el fin de la corrupción y la impunidad; de la sociedad corrupta pública y privada que ha permitido que el país haya perdido su orden ético y moral.

Porque no les había molestado el orden perverso de las operaciones de sobrevaluaciones y sobornos estructuradas para beneficio de sus socios políticos. Les molesta que una parte de la sociedad despierte, descubra y reclame que eso se termine, porque es su propio orden de cosas, aunque a menor escala que el estilo exponencial brasileño.

Por eso se preparan para marchar codo a codo con los defensores de la corrupción y la impunidad que hablan de salir a defender al gobierno corrupto que necesita que no se investigue y castigue a los corruptos; que no jodan más con eso porque “no les van a dejar las calles a los adversarios” de la corrupción y la impunidad.

Y, tal vez, financien a la marcha morada que avisa que saldrá a oponerse a la evolución social verde, porque hay una preocupación financiera a la que han venido temiendo. Aunque ahora “confiesen” que ellos lo hacían en verde, todavía preocupa saber la fuente de financiamiento del movimiento popular. Temiendo que haya moros en la costa.

Y por eso confiesan lo que habían escondido sobre la corrupción de sus socios estatales. Porque quieren terminar de politizar el movimiento social que tiene la fuerza moral que no tienen los políticos. Temen que el movimiento se convierta en algo político con moral.

Temen también que se altere el orden constitucional que les ha permitido ser lo que han venido siendo, mientras pagan salarios de miseria a la misma gente que quieren que les compren sus productos y servicios caros, y voten por los políticos que les permiten seguir siendo lo que han sido.

La hidra de múltiples cabezas que controla todo, incluyendo quién protesta y quién no puede protestar. Y quién financia campañas y quién no.